Pérdida de altura del salto como indicador de fatiga durante el entrenamiento de sprint

Por Prof. Ricardo L Scarfó

La capacidad de sprint es un factor principal en muchos deportes y es el foco de muchos programas de entrenamiento. La capacidad para producir una gran aceleración hacia adelante con una velocidad de carrera máxima alta, y mantener esa velocidad, contribuye al rendimiento exitoso en una carrea de sprint. La velocidad máxima de carrera en velocistas de élite se logra entre los 40 y 60 m en una carrera. Esta acción de intensidad máxima requiere la producción de energía muy alta en sólo unos segundos. Cuando deben repetirse los sprints, durante la competición o en sesiones de entrenamiento, esto puede llevar a una reducción significativa en la concentración de PCr y ATP desde el punto de vista metabólico, hay algunas explicaciones creíbles para que la fatiga sea resultado de la acumulación de iones de hidrógeno (H+) y aumente el nivel de fosfato inorgánico (Pi). Igualmente, un aumento en el nivel del amoníaco sanguíneo durante el ejercicio de alta intensidad de corta duración, normalmente se interpreta como un indicativo de producción de amoníaco acelerada en los músculos, siendo el resultado de la desaminación del AMP a IMP. El ciclo del nucleótido de purina (PNC) sirve, entre otras funciones, para mantener una proporción de ATP/ADP alta y actúa como un mecanismo de emergencia para impedir al ATP del músculo que caiga a niveles críticos bajo condiciones de estrés metabólico alto. Por lo tanto, el conocimiento de los cambios en las concentraciones sanguíneas de lactato y amoníaco durante las sesiones de entrenamiento podría dar una valiosa información sobre el estrés fisiológico inducido.

Las mediciones de lactato sanguíneo y de amoníaco son técnicas caras e invasivas, lo que significa que ellos no son factibles durante el entrenamiento regular. Sin embargo, algunas relaciones (r = 0.85–0.96) se han observado entre estos metabolitos sanguíneos (lactato y amoníaco) y la pérdida de la altura del salto durante el entrenamiento de la fuerza, sesiones típicas de carreras de 400m, y sprint cortos repetidos con tiempos breves (30 segundos) y medios (4 minutos) de recuperación. Estas fuertes correlaciones (0.92–0.97) observadas entre la pérdida de la altura del salto y el lactato sanguíneo y el amoníaco, apoyan el uso de la altura del salto para monitorear la fatiga inducida en las sesiones de entrenamiento.

Sin embargo, poco se sabe sobre las relaciones entre la pérdida de la altura del salto y la concentración de los metabolitos durante una sesión de sprint típica, incluyendo la fase de velocidad máxima (~60 m), y el período de recuperación completo teórico.

La fatiga neuromuscular se ha descrito como cualquier reducción inducida por ejercicio en la fuerza voluntaria máxima o en la potencia producida por un músculo o grupo muscular. La mayoría de los estudios previos que examinaron las respuestas mecánicas y metabólicas a los sprints repetidos usaron protocolos con un número fijo de sprints y períodos de recuperación más cortos que un minuto. El arreglo del número de sprints induce una gran variabilidad entre los atletas en términos de los incrementos de los tiempos de carrera (45.3±9.7%), que se expresa como el índice de fatiga (FI) inducido por el ejercicio. Se ha indicado que determinando un nivel dado de fatiga induce una respuesta más homogénea, lo que podría ser útil en los protocolos apuntados para estudiar la fatiga durante las sesiones de entrenamiento.

En realidad, los estudios previos en el entrenamiento de la fuerza han usado un método similar, poniendo un nivel de fatiga designado (deterioro del rendimiento) en lugar de un número 'objetivo' de repeticiones.

En ausencia de mediciones directas basadas en laboratorio, podría ser útil obtener la información sobre las respuestas agudas a través de una medición real basada en campo para obtener la información práctica relacionada a la fatiga neuromuscular. Esto permitiría a los entrenadores tomar decisiones en tiempo real usando parámetros que son más fáciles de monitorear durante una sesión de entrenamiento de sprint, como pérdidas de altura de salto o de la velocidad. Por ejemplo, en el entrenamiento de la fuerza ha sido verificado que la pérdida de la velocidad es un buen marcador de la fatiga neuromuscular como es el rendimiento en el salto con contramovimiento (CMJ).

Esta metodología podría empezar a construir un método de entrenamiento basado científicamente para individualizar la prescripción de la carga de sprint, usando una variable que expresa el deterioro del rendimiento y su relación con las respuestas fisiológicas. Recientemente, Manuel Ortega-Becerra de la Universidad Pablo de Olavide de Sevilla (España) llevó a cabo un estudio relacionado con este tema. Dicho estudio, tuvo como objetivos lo siguiente: 1) para analizar respuestas agudas mecánicas (velocidad y pérdida de la altura del salto) y metabólicas (lactato sanguíneo y amoníaco) al entrenamiento de sprint típico enfocado sobre la velocidad máxima, realizado hasta que cada atleta lograra la pérdida de la misma velocidad (3%); y 2) para determinar si podrían usarse las respuestas mecánicas o metabólicas para monitorear la fatiga durante una sesión de entrenamiento de sprint.

Los atletas realizaron turnos de sprints de 60 m a la velocidad más alta posible, con un período de recuperación de 6 minutos entre los intentos, hasta que había una disminución del 3% a partir del tiempo mejor registrado para cada atleta durante la sesión de entrenamiento. Las respuestas mecánicas (la altura del salto con contramovimiento (CMJ) y la pérdida de la velocidad) y las respuestas metabólicas (concentraciones sanguíneas de lactato y de amoníaco) fueron medidas pre-ejercicio y después de cada serie.

La pérdida de la altura del salto mostró relaciones casi perfectas con ambas concentraciones de lactato (r = 0.91) y amoníaco (r = 0.91). En suma, se observaron relaciones casi perfectas para cada atleta entre la pérdida de la altura del CMJ y las concentraciones de lactato (r = 0.93–0.99) y de amoníaco (r = 0.94–0.99). Se encontraron correlaciones muy grandes entre la pérdida de velocidad y las concentraciones de lactato (r = 0.83), y de amoníaco (r = 0.86). Es más, se observaron relaciones íntimas para cada atleta entre la pérdida de la velocidad y las concentraciones de lactato (r = 0.86–0.99), y de amoníaco (r = 0.88–0.98).

Los resultados indican que monitoreando la altura del salto vertical durante el entrenamiento es posible estimar en forma razonable el estrés metabólico y la fatiga neuromuscular inducida por sesiones típicas de entrenamiento de sprint. La información de la pérdida de la altura del CMJ podría dar una valiosa información a los entrenadores, puesto que provee de una manera no-invasiva, económica y fácil de indicar el punto en el que las concentraciones de amoníaco suben significativamente sobre los valores de reposo. Un estudio previo también demostró que el test de CMJ ofrece una sensibilidad superior a la función neuromuscular alterada, que los tests de salto y de sprint (Gathercole, Sporer, y cols., 2015b; Jiménez-Reyes y cols., 2016). En suma, se ha demostrado que el rendimiento del sprint requiere un tiempo de restauración mucho más corto comparado al rendimiento del CMJ (Gathercole, Sporer, y cols., 2015b). Estos autores concluyeron a que la valoración de la capacidad de sprint usando variables basadas en el tiempo solamente, puede faltarle una sensibilidad necesaria para determinar el estado de fatiga neuromuscular (Gathercole, Sporer, y cols., 2015b). Sin embargo, la pérdida de la velocidad también puede ser un buen marcador de carga interna durante el entrenamiento de sprint debido a las correlaciones altas observadas con los cambios metabólicos y mecánicos.

Aplicaciones prácticas

La gran variación inducida por el entrenamiento de sprint de dosis fija típica fortalece la importancia de seguir un método modelado individualizado para supervisar las sesiones de entrenamiento en atletas del sprint. El rendimiento del CMJ puede proveer un indicador más sensible de la carga metabólica inducida por el entrenamiento de sprint que el rendimiento de sprint mismo. Como tal, los practicantes pueden ajustarse mejor por el testeo de CMJ a pesar de una tarea de menor especificidad. Por lo tanto, las mediciones basadas en el salto durante el entrenamiento pueden llevar a un ambiente más exacto de carga de entrenamiento en las sesiones de entrenamiento de sprint, usando una dosis del sprint individualizada en base a las respuestas mecánicas y fisiológicas, en lugar de un número fijo estándar de sprints para todos los atletas. La aplicación práctica para el control objetivo de la carga de entrenamiento es que la medición del CMJ podría ser usada por los entrenadores y atletas para estimar indirectamente el estado funcional de la maquinaria muscular contráctil asociada con la capacidad para regenerar el ATP a altas tasas.

Así, si durante una sesión de entrenamiento, ni la velocidad ni las concentraciones sanguíneas de lactato o amoníaco pueden medirse con precisión, un test de CMJ debe usarse en el control y dosificación de la carga de entrenamiento. La pérdida de la altura del CMJ provee una información precisa para la toma de decisiones sobre cuándo el sujeto debe interrumpir una sesión de entrenamiento. Tomando esto en cuenta, sería interesante analizar el uso de la altura del CMJ para evaluar la disponibilidad de hacer sprints. Más estudios se necesitan para explorar aún más este método individualizado para monitorear la carga interna durante el entrenamiento de sprint. Los autores del estudio esperan que el presente estudio contribuya al campo de la ciencia del ejercicio permitiendo una caracterización más racional del estímulo de entrenamiento del sprint.

Conclusiones

En conclusión, los resultados obtenidos en el presente estudio apoyan fuertemente el uso de la altura del CMJ para monitorear el entrenamiento de sprint y cuantificar la fatiga mecánica y metabólica, debido al conocimiento del estrés metabólico inducido por la sesión de entrenamiento del sprint. Las altas relaciones observadas entre la pérdida de la altura del CMJ y la respuesta metabólica (lactato y amoníaco) apoyan esta conclusión. Adicionalmente, cuando estas ecuaciones se individualizan para cada atleta, ellas dan una estimación más exacta de las respuestas mecánicas y metabólicas inducidas durante una sesión de entrenamiento del sprint. El uso de un test simple y no-fatigoso como el CMJ podría ayudar a monitorear las sesiones de entrenamiento de sprint, sin la necesidad de medir concentraciones sanguíneas de lactato o amoníaco, y sería más exacto que los tiempos magnetofónicos de sprint. Así, el CMJ podría ser una medida indirecta muy útil de los cambios metabólicos y mecánicos inducidos durante una sesión de entrenamiento del sprint.