La periodización progresiva de la carga de trabajo maximiza los efectos del ejercicio nórdico de isquiotibiales sobre los factores de riesgo de lesión muscular.

Por Prof. Ricardo L Scarfó

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La lesión por distensión de los isquiotibiales (HSI) es una de las lesiones más frecuentes en deportes de equipo como el fútbol, fútbol americano, fútbol australiano, y rugby. Cada lesión suele provocar una ausencia de los entrenamientos y las competiciones de unos 17 días, pero no es raro que algunos jugadores tarden más de un año en volver a jugar (Ekstrand 2016). La lesión por distensión de isquiotibiales presenta altas tasas de recurrencia (~16-32%) (Opar 2012), siendo el proceso de rehabilitación más complejo y logrando resultados positivos más desafiantes para los jugadores que se volvieron a lesionar (Heiderscheit 2010). Además de las consecuencias para la salud y la carrera de los jugadores, las HSI pueden afectar negativamente el rendimiento del equipo (Hagglund 2013) y causar pérdidas económicas al club (Hickey 2014). A pesar de la extensa investigación sobre la HSI en los últimos años, la incidencia de la HSI ha aumentado en un 4% anual en el fútbol profesional masculino (Ekstrand 2016).

Las lesiones por distensión de los isquiotibiales ocurren comúnmente durante la carrera a alta velocidad, particularmente en la fase de balanceo (swing) terminal cuando los isquiotibiales se contraen excéntricamente para desacelerar la rodilla en extensión y la cadera en flexión (Heiderscheit 2010). La edad avanzada y las lesiones previas de los isquiotibiales son factores de riesgo no modificables bien aceptados para la HIS (Opar 2012). Al mismo tiempo, estudios prospectivos han encontrado que jugadores con una variedad de características intrínsecas como debilidad excéntrica de los isquiotibiales, desequilibrio de la fuerza muscular (relación entre isquiotibiales y cuádriceps [H:Q]), y la longitud reducida del fascículo de la porción larga del bíceps femoral (BFLH), son más propensos a sufrir una HSI.

Los clubes deportivos de élite han invertido en programas de acondicionamiento de isquiotibiales utilizando el ejercicio nórdico de isquiotibiales (NHE) para prevenir las lesiones HSI (Meurer 2017). El ejercicio nórdico de isquiotibiales agregado a la rutina de entrenamiento de los atletas profesionales redujo la incidencia y la gravedad de las HSI (Arnason 2008, Brooks 2006, Petersen 2011, Seagrave 2014). Este efecto preventivo se ha atribuido ampliamente a un fortalecimiento significativo de los isquiotibiales (Breno 2018, Iga 2012, Lovell 2018, Mjølsnes 2004) y una relación H:Q mejorada (Breno 2018, Mjølsnes 2004), mientras que estudios recientes también han encontrado una mejora de la longitud del fascículo de la BFLH a través de programas de entrenamiento con el ejercicio NHE ( Alonso-Fernández 2018, Breno 2018, Lovell 2018).

Como era de esperar para cualquier tipo de entrenamiento de la fuerza, parece posible que las adaptaciones musculares al entrenamiento del NHE (y, en consecuencia, su efecto preventivo) puedan verse afectadas por la periodización utilizada durante el programa de entrenamiento (Kraemer 2004). Sin embargo, aunque algunos estudios no describieron la periodización del entrenamiento del NHE (Brooks 2006, Seagrave 2014), otros han utilizado 3-4 series de 6-12 repeticiones con diferentes progresiones de carga de trabajo (Alonso-Fernández 2018, Arnason 2008, Breno 2018, Iga 2012, Lovell 2018, Mjølsne 2004, Petersen 2011). El programa de prevención de lesiones desarrollado por el Centro Médico y de Investigación (FMARC) de la Federación Internacional de Fútbol (FIFA), llamado “FIFA 11+”, sugiere una serie de 3-5 repeticiones para principiantes, 7-10 repeticiones para intermedios y 12-15 para jugadores avanzados (Soligard 2009), pero faltan más detalles sobre la progresión de la carga de trabajo. Hasta donde se sabe, un sólo estudio comparó las adaptaciones musculares con diferentes programas de entrenamiento del NHE y encontró que tanto el entrenamiento del NHE de bajo y alto volumen estimulan aumentos en la longitud del fascículo de la BFLH y la fuerza excéntrica de los isquiotibiales (Presland 2018). Por lo tanto, la periodización óptima para que el NHE produzca cambios beneficiosos para los isquiotibiales y posteriormente reduzca la HSI sigue sin estar claro.

La “progresión de la carga de trabajo” es un principio del entrenamiento físico que describe el aumento gradual del estrés que se ejerce sobre el cuerpo durante un programa de entrenamiento, y se considera un factor clave para optimizar las respuestas al entrenamiento (Kraemer 2004). Sin embargo, el impacto de la progresión de la carga de trabajo en los programas de entrenamiento del NHE permanece sin explorar. Por lo tanto, recientemente Bruno M. Baroni de la Universidad Federal de Ciencias de la Salud de Porto Alegre (Brasil), llevó a cabo un estudio al respecto, cuyo objetivo fue investigar el efecto de 2 diferentes programas de entrenamientos del ejercicio NHE (carga de trabajo constante vs carga de trabajo progresiva) sobre múltiples factores de riesgo para la HSI en atletas de alto nivel competitivo.

Se reclutaron 21 jugadores de rugby de la liga premier (; 26 años) y fueron asignados al azar en 1 de 2 grupos experimentales y completaron un programa de entrenamiento de NHE de 8 semanas: grupo de entrenamiento constante (CTG) o grupo de entrenamiento progresivo (PTG). La fuerza de flexlión/extensión de la rodilla y la arquitectura del músculo de la porción larga del bíceps femoral (BFLH) se evaluaron mediante dinamometría isocinética y ecografía, respectivamente, antes y después de los programas de entrenamiento.

Se observaron aumentos en los picos máximos de torque de los isquiotibiales concéntricos (Δ = 8%, p = 0.004, d = 0.42) y excéntricos (Δ = 7%, p = 0.041, d = 0.39), como también la relación H:Q convencional (Δ = 7%, p = 0.015, d = 0.54) y funcional (Δ = 6%, p = 0.026, d = 0.62), en comparación con la línea de base para el grupo de PTG solamente. El entrenamiento con ejercicios de isquiotibiales nórdicos aumentó significativamente el grosor de la porción muscular de la BFLH (CTG: D = 7%, p = 0.001, d = 0.60; PTG: D = 7%, p <0.001, d = 0.54) y la longitud del fascículo (CTG: D = 8%, p <0.001, d = 0.29; PTG: D = 10%, p <0.001, d = 0.35) en ambos grupos.

Las adaptaciones de entrenamiento en el torque pico de los isquiotibiales (concéntrico y excéntrico) y la relación H:Q (convencional y funcional) “probablemente favorezcan” al PTG, mientras que los cambios en la longitud del fascículo de la BFLH “posiblemente favorezcan” al PTG. En conclusión, sólo la PTG mejoró la fuerza de los isquiotibiales; Ambos programas de entrenamiento del ejercicio NHE aumentaron el grosor muscular de la BFLH y la longitud del fascículo, pero el entrenamiento progresivo generó mayores cambios en la longitud del fascículo que el entrenamiento constante. El personal médico/entrenadores debe estar consciente de que el NHE con adecuada periodización del entrenamiento con progresión de la carga de trabajo maximiza sus beneficios.

APLICACIONES PRÁCTICAS

Este estudio demostró que seguir una progresión de la carga de trabajo en los programas de NHE es importante para maximizar los beneficios del entrenamiento en atletas de alto nivel competitivo. El personal médico/entrenadores deben preocuparse no sólo por el uso del NHE, sino también por el uso de una periodización de entrenamiento adecuada con la progresión de la carga de trabajo para maximizar sus beneficios. Los científicos del deporte deben investigar la influencia de otros parámetros de la periodización, como la frecuencia semanal y el volumen por sesión (número de series y repeticiones por serie) sobre la adaptación muscular al entrenamiento del ejercicio NHE.