Efectos del orden de ejercicios de fuerza y de estiramiento sobre la variabilidad de frecuencia cardíaca y la tensión arterial en adultos sanos

Por Prof. Ricardo L Scarfó

La actividad física regular es una intervención no farmacológica importante para el control y mantenimiento de la salud. El American College of Sports Medicine (2011) recomienda el ejercicio físico sistemático para desarrollar las capacidades físicas y funcionales tales como el fitness cardiorespiratorio, neuromuscular, y neuromotor. Normalmente, el ejercicio de fuerza (EF) y el ejercicio de estiramiento (SE) se realiza simultáneamente en la misma sesión de entrenamiento. Conocer los mecanismos fisiológicos durante EF y SE es importante para prescribir y guiar un programa de ejercicio supervisado (AHA 2006). Por ejemplo, reducciones en la presión sanguínea sistólica (SBP) pueden observarse después del EF (Simao 2005), mientras que se han reportado aumentos transitorios en la SBP, la frecuencia cardíaca, y el tono vascular con sesiones de SE (Izquierdo 2006). La obstrucción mecánica de los vasos sanguíneos con EF y SE puede disminuir la variabilidad de la frecuencia cardíaca (HRV) y aumentar la tensión sanguínea (PS) (Morishita 2013).

La variabilidad de la frecuencia cardíaca es un marcador fisiológico no-invasivo de la salud cardiovascular a través de la modulación cardíaca autónoma. Una reducida HRV puede ser considerada como un indicador reflejo de la actividad simpática del sistema nervioso central, con un mayor sesgo hacia las influencias parasimpáticas (vagales) (Thayer 2012). Una HRV baja (mayor actividad simpática) se relaciona a un mayor riesgo de mortalidad por todas las causas, y es sugerida de ser un marcador para la enfermedad (Thayer 2012). El intervalo latido-a-latido de la HRV varía según la actividad realizada (Costa e Silva 2016). La mayor actividad simpática del sistema nervioso autónomo puede causar una excitabilidad mayor de las fibras cardíacas, aumentando la tasa de despolarización del nodo del seno, reduciendo la HRV y, por consiguiente, aumenta la FC y la PS (Papaioannou 2013).

Estudios previos han controlado las variables del entrenamiento de la fuerza y han intentado identificar las posibles diferencias en las respuestas hemodinámicas después del EF y del SE modificando la intensidad de carga (Figueirdo 2015, Lima 2011, Rezk 2006), el orden del ejercicio (Figueiredo 2013, Kingsley 2014), el volumen total de las series (Figueirdo 2015), y los intervalos de pausa entre las series (Figueirdo 2016). La literatura actual muestra reducciones de la PS tanto en el EF como en el SE cuando se compara con la línea de base, conocida como hipotensión post-ejercicio y puede observarse en sujetos normotensos (De Salles 2010) y pre-hipertensos (Figueirdo 2016). Incluso una reducción de 3–4 mm Hg indica beneficios clínicos y reducción de factores de riesgo (ACSM 2004). En suma, el SE puede reducir la HRV cuando es aplicado en diferentes volúmenes (Farinatti 2010), niveles de flexibilidad (Weymann 2004), patrones respiratorios (Farinatti 2011), volumen total de las series (Inami 2015), y con técnicas de estiramiento diferentes (Costa e Silva 2013). Entender las respuestas fisiológicas y psicofisiológicas del estiramiento es importante para una prescripción de ejercicio más segura en poblaciones diferentes.

A pesar de respuestas diferentes causadas por el EF y el SE realizadas en forma aislada, la literatura no provee información con respecto a una combinación de EF+SE. Recientemente,

David G. Behm, de la Memorial University of Newfoundland (Canadá) llevó a cabo un estudio a este respecto. Así, el propósito de ese estudio fue verificar los efectos agudos del EF y SE realizados en combinación sobre las respuestas de la HRV y de la PS. La hipótesis de dicho estudio fue que el SE realizado antes o entre las series del EF bajaría la carga cardíaca.

Veinte sujetos, recreativamente entrenados, realizaron 5 sesiones en un orden aleatorio: (a) SE seguido por EF sin pausa (SE+EF), (b) EF seguido por SE sin pausa (EF+SE), (c) SE entre las series de EF (SBE), (d) SE aislado, y (e) EF aislado. La variabilidad de la frecuencia cardíaca, la SBP, y la DBP fueron registradas durante 15 minutos antes (línea de base) y 60 minutos después de cada sesión experimental. Los parámetros de la HRV se analizaron según los componentes de baja frecuencia en unidades normalizadas (LF-nu), alta frecuencia en las unidades normalizadas (HF-nu), y desviación estándar de las diferencias entre los intervalos R-R normales (RMSSD-ms). Estos valores proveen la información sobre la actividad del sistema nervioso parasimpático (HF-nu) y simpático (LF-nu), respectivamente (NASPE, 1996).

Una disminución significativa se encontró por desviación estandarizada de las diferencias entre los intervalos r-r normales (RMSSDms) SE+EF (-50.79%), SE (+9.2%), SBE (-42.8%), y EF (-46.3%). Similarmente, un aumento significativo se encontró para LFnu en SE+EF (+12.8%) y SBE (+16.6%). En suma, una disminución significativa se encontró para HFnu en SE+EF (-34.8%) y SBE (-39.7%). Finalmente, una disminución significativa se encontró para la SBP en SE (-6.1%).

En conclusión, este estudio indicó que el SE seguido por EF promueve una reducción en LFnu y RMSSDnu, con disminuciones de magnitud triviales a pequeñas en la SBP. Por lo tanto, realizar el SE antes o entre el EF, sería una recomendación para una prescripción de ejercicio importante para bajar la carga cardíaca y consecuentemente mayor seguridad.

APLICACIONES PRÁCTICAS

Esto puede tener impacto en la prescripción y aplicación, en poblaciones atléticas y rehabilitación. Los individuos, sobre todo los individuos mayores de edad, en riesgo cardiovascular (es decir, hipertensos) no deben descuidar el entrenamiento de la fuerza debido al miedo de elevaciones agudas en la PS, pero podrían realizar el SE antes o durante el EF para mitigar estos riesgos.